Por siempre (Juan y Eduardo)

Estaba saliendo más tarde de lo normal del trabajo, Juan se había retrasado para entregar los reportes del cierre mensual, que todo despacho requiere con total puntualidad. Tomo su bicicleta como siempre, el auto no era opción para él, su salario a penas cubría los compromisos, que no eran pocos, el se consolaba que era lo mejor para su salud. 

A pesar de la neblina Juan salió a toda prisa, tenía que buscar el regalo para su aniversario, lo había olvidado de nueva cuenta, después de 15 años de casados no podía lograr hacer de su aniversario un día inolvidable, pero hoy sería diferente, ya en la carretera tomó los carriles centrales para que el tiempo fuera misericordioso con él, pero un camión impactó con su bici que a penas si se veía, lanzándolo al otro carril.

- ¡Juan! ¡Juan! ¡No te muevas! - No sólo los gritos lo regresaron en sí, ese aróma le despertó todos los recuerdos que trató de enterrar por años; y aunque trataba de aguantar la respiración ya era demasiado tarde. - Eh.. Eh... ¿Eduardo?.

Eduardo empezó a quitarle con cuidado y ternura el equipo de protección, trataba de tocar como buen médico para detectar alguna fractura que fuera de gravedad. Aunque Juan quería ponerse de pie, su cuerpo tuvo una reacción incomprensible, porque buscó los brazos del que consideraba su verdugo y empezó a llorar.

- Perdóname mi amor, perdóname, Yo tenía que estar contigo, Juan, mi Juan. -  Regresaste y me pasó un camión encima, ¿Hay algo que perdonar?.  Está historia inicio hace más de veinte años, en la infancia juntos, la adolescencia dónde los juegos de consolas pasaron a caricias y besos, para confirmar que tenían más accesorios en la piel. Pero Juan no se conformó con un juego, mejor lo escaló al tema del amor, y al no tener reglas claras, se enredo en el sentimiento. 


- Te cásate sin importarte nada Eduardo, no sabes cuánto me dolió que me hicieras aún lado, por lo menos me hubieras dado el golpe de frente. - Juan recordó esa tarde, que saliendo de clases fue a la casa de la familia de Eduardo para "invitarlo" a jugar lo nuevo de Nintendo que le había traído su padre de los Estados Unidos, su Papá era ingeniero en sistemas, y tenía mucho que hacer en ese país, la carrera del futuro decían. La madre de Eduardo de una forma muy cariñosa le comento que no podía atenderlo, estaba vuelto loco en los preparativos de boda con la señorita Estarenka. Juan sabía quien era Estarenka, la vecina de la casa de ladrillos, que le decían "la placa", pero lo que no entendía era como habían llegado ya a una boda si Eduardo estaba todas las tardes con él. Ahí se hizo la primera estocada.


La lluvia ya estaba bajando, pero la tensión no. Eduardo puso más fuerza en el abrazo, tomó la cabeza de Juan, la poso en su pecho, y con ternura empezó a hablar, era momento de responder todas las dudas que tenía Juan. - Mi amor, tenía que cumplirle a mi padre, él esperaba de mi que fuera un médico, quería verme bien cadado y que le diera nietos - Eduardo ahí se dió cuenta que Juan apretó su mano con cierta rabia. Juan necesitaba escucharlo, aunque ya su plan de Aniversario no sería cumplido. - Y les cumplí a todos, llegué a sentir cariño por Estarenka, me dió dos hijas hermosas, con las cuales también cumplí como padre. Contigo Juan, no pude verte a los ojos, porque no quería reconocer el amor que te tengo, hasta que firme ante un Juez, ví el error tan grande, pero ya no podía dar un paso atrás. Al enterarme que tú papá estaba en banca rota, le dije que yo te apoyaría con la escuela y conseguí un trabajo de medio tiempo, me pasaron la cuenta del banco de la universidad, fui dando los depósitos cada semestre. Juan se quedó frío, siempre pensó que era su padrino de bautizo el que se había hecho cargo de él, Eduardo le contó que su padrino quedó preso en la Isla cuando inició la revolución, el señor era un idealista quedando como preso político, entendió que la situación de Juan se había complicado, Eduardo ya no quería darle otro motivo para sufrir, así que se dividió entre estudiar y trabajar para cubrir con los gastos del que sabía que le había destrozado el corazón. - Bueno, mil gracias por tu apoyo, eso no te exime del primer agravio Eduardo, y ahora me tengo que poner de pie y ver dónde quedó mi bicicleta. - Juan se apoyó en el hombro de su primer amor, a pesar de ser feliz en su matrimonio, sabía que su capacidad de amar había mermado. Su bicicleta, si se podía llamar así todavía, se encontraba a unos quince metros de su ubicación, el camión solo le dejó pedales en buen estado. - No te preocupes mi Juanito, estás muy bien para el impacto tan aparatoso, vamos te llevo, ahí está mi moto. - Juan quería con sus pocas fuerzas agarrar a golpes a Eduardo, pero recordó esas tardes que su compañía era todo su mundo, su cuerpo, su calor, esa fascinación que tenía de jugar con su cabello. - ¿Por qué ahorita Eduardo? Ahorita que ya no tenemos un nosotros. - Eduardo lo abrazó y le dijo al oído: - Cuando Estarenka falleció, en sus últimos días antes de perder su energía me dijo "ve por él, ya te toca ser feliz", ella sabía que siempre estabas tu en mi vida. Entiendo tu odio Juan, pero creeme que tenía miedo de sentir algo por otro hombre. - Los dos se quedaron abrazados y despacio fueron caminando a la motocicleta de Eduardo, la lluvia empezó a ceder, así como el rencor que guardaba Juan contra su primer amor.


Juan abrazó por la cintura a Eduardo, la confusión del impacto y las noticias que le habían comentado le hicieron sentir como si su ángel de la guarda lo hubiera cuidado desde el cuerpo de Eduardo. Su mente se traslado a los catorce años, cuando se iban al mar, sin miedo se quitaban las prendas que estorbaban para identificar los cambios propios de la biología, en ese momento regresó con un golpe la realidad, el tiempo, pasaron veinte años de esas escenas. - Ya llegamos, ¿Es aquí Juan?. - Él nunca le dió la dirección, pero eso no fue lo que le dió más miedo, pudo ver las marcas de la edad en Eduardo, una que otras más canas, - Más que agradecido, pero me tengo que ir ya, me esperan en casa, sabes que eres muy importante en mi vida, y tú también deberías de irte a descansar.


Eduardo se quedó congelado, y sólo pudo despedirse de mano, ya no había más por hacer, su castigo fue hacer una vida que no le correspondía. El dolor en el pecho era tan fuerte que lo dobló hasta ponerse de rodillas. Ni Juan, ni Estarenka, tampoco sus hijas le regresarían lo perdido, el tiempo para hacer de su vida un proyecto personal y no las metas de su padre galeno. Cuando alzó la mirada vió a Juan corriendo hacia el, Eduardo se levantó pensando que recibiría reproches más fuertes de los que su mente le cantaba. - Eduardo, Eduardo... - Juan le tomó su rostro y le robó el beso más tierno en toda su vida. - Gracias por todo lo que hiciste en las sobras y el silencio, no sabía de todo lo que estaba pasando por estar encerrado en una nube de odio por tu boda, este beso es lo único que... - Eduardo le robó otro beso para interrumpir esas palabras que sonaban como las ruedas de un tran al frenar. - Mi pequeña Orca (como lo llamaba en la infancia), tienes un compromiso, es tu aniversario, y ya vas a llegar muy tarde. 


Eduardo emprendió el regreso a su casa, con la mente más clara y el corazón lleno de ese calor agradable de saber que todo se hizo por amor, a pesar de ese adiós a su amado, él estaría siempre al pendiente.




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