Petirrojo

– Hola Renan ya voy en camino, te llevo mi ultimo trabajo para correcciones y voy por mis pagos que quedaron pendientes, ya me enteré que vas a cerrar la editorial.


Y así va terminando la historia de la primera editorial del condado. Poetas, científicos, dramaturgos… curiosos y escritores primerizos encontraban un refugio en las instalaciones, su nombre Petirrojo era porque un pequeño petirrojo nunca se salió del edificio, decían que había antes un árbol, que tiraron para construir el inmueble, el dueño, Renan, dijo que era justo, el árbol había sido su hogar, y estaba en deuda con él; lo llamó Robin, por un personaje de su cómic favorito.

Al principio fue costoso darse a conocer, porque la gente estaba acostumbrada a leer obras extranjeras, revistas de otras ciudades y poco era el consumo local. Sin embargo llegó Mon, con su primera novela, cuando terminó de leerla pensó que no tenía nada que perder, de todas maneras ya sería lo último que imprimiría bajo su sello editorial. Para sorpresa de todos se vendió y ganó premios en ferias de libro de otros países, las mujeres conectaron con el contenido erótico y de suspenso que Mon daba párrafo con párrafo en su primera novela. Y Renan encontró su gallina de los huevos de oro.

La editorial logró hacerse el espacio entre las grandes ligas, Revistas de divulgación, moda, economía y política, adicional un catálogo amplio de autores, y ya un contrato de exclusividad con su autor estrella Mon. Editorial Petirrojo se expandió a las ciudades aledañas en vista a ser un sello internacional. Algunos reporteros se acercaban a Mon - “siempre regresas hasta el edificio de tu editor para escribir, ¿Él es que te da la inspiración?”, y Mon siempre contestaba - “Tengo que pedirle la autorización a Robin, él es el verdadero dueño”.


Las buenas épocas se van, y ese día Renan ya había recibido la orden de embargo, y la noticia que el gobierno tendría el control central de la imprenta y se tendría una unidad especial para decidir que leería la población, que investigaciones sería solo información clasificada para uso del poder, y los temas morales que estarían permitidos. En este punto Mon no correría con mucha suerte, pues sus novelas las clasificaron como una oda a la depravación y la promiscuidad disfrazado en historia romántica.

En la mañana sonó el teléfono móvil de Renan. Ya no quería contestar más pero al ver la pantalla el nombre de Mon, con el cual no había tenido la oportunidad de hablar porque éste se encontraba de gira, suspiró muy fuerte y atendió la llamada, no sin antes prepararse en Whiskey.

– Buenos días Mon.

– Hola Renan ya voy en camino, te llevo mi ultimo trabajo para correcciones y voy por mis pagos que quedaron pendientes, ya me enteré que vas a cerrar la editorial.

– No vayas a las oficinas, ven a mi casa y de tu último trabajo no los saques de tu carro, por tu seguridad, pasaron muchas cosas y mejor ve escondiendo todos tus escritos hasta que estés en un lugar seguro.

– Me estás asustando.

– Maneja con cuidado, si hacemos las cosas con cuidado, podremos sobrevivir a estos tiranos, aquí te espero para desayunar y ya tengo listo tu pago.

– De acuerdo, yo pongo un Whiskey.

En cuanto llegó Mon a la casa de Renan, se dieron un abrazo muy fuerte combinado con lágrimas, de miedo, de agradecimiento y con mucha compasión de un futuro poco alentador. Ya más tranquilos en la cocina de Renan sirvieron sus copas y empezaron con el tema más importante, cual será en siguiente paso.

– Mon aquí en el sobre tienes tu pago, y una tarjeta con la dirección de la editorial que está dispuesta a publicarte, la dirección también está dentro, tienes que salir a las 16:30 hacia el aeropuerto antes de que cierren las fronteras, el boleto también está dentro.

–¿Pero qué va a ser de ti? ¿Qué pasó con Robin? ¿También estarás en el exilio?

– Son muchas preguntas y tengo pocas respuestas, la imprenta seguirá abierta, pero solo estaré para panfletos y periódicos del gobierno, sin cuestionar y sin editar, solo imprenta, el pobre Robin tuvo el final que tendría sino copero, pobre Robin, le dispararon cuando entraron a la editorial.

– Pero el que sólo imprimas es como también el final de Robin.

– Ustedes eran el talento, yo solo ponía la portada y el tipo de letra, no hay mucha diferencia, soportaré en este alcoholismo voluntario niño, tú vete de aquí, porque quitarte tu libertad de expresión y tu forma de escribir sería el genocidio más grande cometido,


– Renan tu eres mi primera vez, fuiste con el primero que me entregué, cuando me hacías correcciones o me dabas algunos tips, sentí como si te entregara mi cuerpo en papel, muchas historias eran mis deseos contigo… vámonos los dos, allá también conseguirás tener otra editorial.

– Cálmate niño, yo nunca tuve sexo contigo, pero muchas gracias por la dedicatoria, creo que como siempre, llegué tarde.

– Entregarte mis textos es como enseñarte mi interior y gracias por dame la libertad de ser yo mismo. Te hiciste mi familia junto con Robin, sin ti no tengo ya nada, por favor sube también tu equipaje.

– Amigo deja esa idea, yo aquí me voy a quedar, ya estoy viejo y cansado, quiero estar aquí, observando cómo avanza mi decadencia. Corre se te hace tarde para el aeropuerto y vas a perder el vuelo si seguimos aquí lamentándonos con dos señoras abandonadas.

– Renan envíame cartas que yo también lo haré, sin nada comprometedor promesa, porque sé que hasta en eso se van a querer meter, gracias de verdad mil gracias.

– Ya vete chico, oye pero de rápido dime de qué va tu siguiente novela, quiero saber de qué me perdí.

– Es de un señor de mediana edad que se enamora de un chico que tiene en la espalda un tatuaje de un petirrojo pero todavía no encuentro cuál sería el conflicto.

– Que siempre hay un precio por ser un alma libre como las aves, la soledad.

Los dos se tomaron del brazo y se dieron un beso en la mejilla, sabían en su interior que ya no habría “un hasta mañana”. Y en lágrimas Mon arrancó el carro.



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