Trailero

Tijuana, Baja California.
Llega Javier como de costumbre a la gasolinera cerca de su trabajo, después de cargar combustible pasa a la cafetería por un  americano muy cargado, para poder seguir despierto rumbo a su casa. Llega como siempre a la barra observando los mismos rostros desde los tres años, la misma rutina y espera sentado su pedido, pero está ocasión llegó cuarenta minutos más tarde de lo acostumbrado, perdió tiempo buscando el gafete del trabajo que le piden en la caseta de vigilancia de la planta. Pero no le tomó tanta importancia hasta que vio llegar a un nuevo personaje, su mirada captó su atención de inmediato, que llegara en camiseta y con una cara sino de enojo se veía cansado y por las ojeras denotan que no había dormido.
- Carlos bienvenido, ¿te preparamos lo de siempre?
Le dijo la mesera, Sofía se dio la vuelta sin esperar la respuesta.
- Muñeca, está vez solo un americano, me congelaron los viáticos hasta mañana, así que no tengo por ahora para pagarte mi desayuno ejecutivo (con una sonrisa nerviosa se sentó en la barra a lado de Javier).
- Como gustes sabes que hay confianza y mañana nos pagas.
- Todavía tengo que buscar un hotel, y sabes que no se si regresaré mañana, es la vida de un trailero.
Javier en ese momento sacó su cartera y le extendió su tarjeta a Sofía, como por impulso solo dijo: 
- Te cobras mi café y el desayuno ejecutivo del compañero. 
Todos en la barra se quedaron en silencio hasta que Carlos se volteó y comentó:
- ¿Compañero? ¿También llevas un tráiler?

- (risa nerviosa) No, pero también me ha pasado que no traigo dinero ni para un café.
- Muchas gracias pero no lo creo necesario, ni siquiera te conozco.
- Me presento, mi nombre es Javier, Javier Molina, y soy ingeniero en la planta de metalurgia que está en la esquina de esta calle, un gusto.
- De acuerdo Javier, mi nombre es Carlos, Carlos Resendiz, y llevo el tráiler que está estacionado enfrente, el amarillo. Cómo te puedes dar cuenta no paso por aquí tofos los días, y no tendría como pagarte, así que Sofía solo mi café por favor.
- Ya pase la tarjeta del señor Molina, el desayuno incluye café, así que mejor siéntate guapo.
Contestó la camarera 
- Bueno Carlos provecho y ya me tengo que ir, nunca mencioné que me lo tenías que pagar, disfruta tu desayuno.
- Gracias "compañero", estoy en deuda contigo, si un día necesitas un tráiler, cuenta con el mío.
- Lo tomaré en cuenta, ciao Sofía, nos vemos mañana.
- Ciao señor Molina.
Javier vio por última vez la mirada de Carlos, tomo como un radar nota del cuerpo y pensó con malicia "si quisieras pagar el desayuno me darías tu camiseta". Observó con detenimiento los tatuajes en los brazos, vio que en la espalda también había tatuajes, pero que estaba pasando, se sentía con el corazón un poco acelerado, y antes de retirarse le dio la mano al trailero.
- Ciao Carlos y suerte con el hotel.
Carlos estaba desconcertado y nervioso le dio la mano también.
- Gracias.
Javier noto el sudor de la mano de Carlos pero el ritmo cardíaco se aceleró en los segundos que duró estrechando las manos, salió para su carro y seguía sin entender de lo había sentido en la cafetería, tenía muchos años sin sentir esa atracción por alguien más. Él sólo tenia en mente ir a tomar una ducha que buena falta le hacía el camino a su casa era largo.

Al otro día, Javier como ritual perdió el tiempo a la salida para poder llegar a la cafetería a la misma hora que el día anterior, y al entrar observó que ya estaba Carlos en la barra, con un atuendo muy diferente y al sentarse percató su aroma, "pimienta negra, es mucho más sofisticado de lo que pensaba".
- Buenos días Sofy, te molesto con un café sin azúcar por favor.
- No guapa, serán dos desayunos ejecutivos por favor, ingeniero me toca a mi devolverle el favor.
- Que tal señor Resendiz buenos días, pero mi casa esta algo retirada y por tiempo no podría quedarme a desayunar con usted, tengo un horario nocturno y no he pegado el sueño ni me he duchado, me siento rendido y algo incomodo.
- "Compañero", si quiere dormir un rato le ofrezco la cabina del trailer, aunque no lo crea es mucho más cómoda de lo que se pensaría, mejor hasta que la cama del hotel donde me estoy hospedando, y por la ducha caso arreglado el Hotel está a 15 minutos de aquí, entonces acepte el desayuno de un buen amigo.
- ¿Es enserio?; señor Resendiz a penas si me conoce...
- Nada de señor, soy Carlos y todavía no paso los 28 años para que me llame con tanta formalidad ingeniero.
- ¿Entonces dejamos las formalidades?
- Javier verdad, si disfrutemos de este desayuno, que he tenido unos días muy complicados y me imagino que tu igual, ¿Te gusta el pan francés?, porque el que preparan aquí es de los mejores.
Los dos empezaron a platicar y a degustar de los platillos del desayuno, los dos se sentía con cierta confianza como la fraternidad que se logra forjar con los años, El tiempo paso muy rápido hasta que los ojos de cansancio delataron a Javier y que su realidad es que si necesitaba dormir.
- Guapa te pago porque ya mi amigo necesita ir a descansar.
- Carlos no te preocupes me llevo el café para llevar y mantenerme despierto hasta mi casa, el desayuno ha sido más que encantador.
- Como alguien de carretera no te voy a dejar que salgas con ese sueño y te quedes dormido, mi tráiler está aquí afuera y sino quieres la cabina te llevo al hotel, un ingeniero siempre debe traer un cambio en su cajuela así que ve por tu ropa y deja aquí tu vehículo, por seguridad tuya y de la ciudadanía.

-  Estimado no cree que esto se esta llevando a otro nivel de confianza, primero el desayuno ahora una cama y una regadera, creería que me estas seduciendo.
Pero en su interior Javier se moría de las ganas de permanecer a lado de Carlos no solamente este día, sino el resto de sus días, la sonrisa de Carlos tenía el poder hipnotizante sobre él y el se estaba dejando hechizar por ella. 
- Bueno en tres días yo me tengo que hacer a carretera y no me quiero ir con la pena moral todo el camino que no hice todo lo posible por ayudar a mi único amigo en Tijuana. Así que no me queda otra mas que secuestrarte pequeño.
Lo dijo tan canalla que Javier soltó la carcajada.
- Bueno te acepto la cabina pero me llevo mi café, soy alguien de costumbres muy arraigadas, y nunca me he subido a un tráiler. 
- Ah mira seré tu mago que te cumplirá tu fantasía...
- Esa no es mi fantasía... pero tampoco me negaré (risas).
- Bueno pues, tu deja que pasen las horas y no hagas resistencia a la felicidad.
- Siento que esto cumple lo que decía Oscar Wilde "A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante".
- Que fuerte, ese compa tiene mucha razón, debemos de invitarlo...
- Creo que ya nos ganó el tiempo Carlos, fue un dramaturgo Irlandés y hace muchas décadas atrás que falleció, pero estoy seguro que aceptaría tu invitación.
- Creo que ya quedé como pendejo, pero vamos ya a que te duermas, y en lo que te arrullo me sigues contando del buen Oscar (risas).
Los dos salieron de la cafetería entre risas y sin pensarlo Carlos tomo la mano de Javier y hasta la puerta del Tráiler antes de abril la puerta le dio un beso. Durante los siguientes dos días el ritual se repitió, Carlos comentó que tenía ya programada su ruta y que volvería a estar en Tijuana dentro de seis meses. Javier a pesar de la tristeza de saber que estarían separados su alegría sobrepasaba cualquier sentimiento por la despedida. 
El tiempo pasaba y los seis meses se cumplieron, Javier regresó en el mismo horario en el que encontró a Carlos como lo acordaron, pero él nunca entró, después de muchos meses que lo esperaba, una mañana pensó en iniciar la investigación, e iniciaría en la cafetería.
- Sofía tu sabes algo de Carlos.
- Sr. Molina que no ha visto las noticias.
- ¿Qué pasó? por el trabajo no he podido ni comprar un periódico.
- Ay Ingeniero, él estaba en Yucatán hace veinte días, entró un huracán y la lluvia, el tráiler le ganó el peso de la caja, fue carambola con tres carros más. (lágrimas).
- No es cierto, no es posible.
- Nuestro amigo trailero va a llegar, creí que usted lo sabía. 
- Gracias Sofy por la información. (lágrimas).
Javier se dio la vuelta con un dolor muy fuerte en el pecho, Sofia le entregó su café y con un abrazo se despidieron. A partir de ese día Javier dejó de pasar por esa cafetería, sólo de pensar que ya no volvería a ver su tráiler estacionado parqueado le partía el alma. Después de cinco meses regresó.
- Sofía buenos días.
- Ingeniero que milagro, le preparo ya su café.
- No, esta vez un desayuno continental y pan francés por favor.

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