La Senda de Balam

Nexcoyotl:
Si quiero contar cómo lo conocí, pues resulta ser que estábamos esperando el transporte, cuando se soltó la lluvia, muy fuerte, cuando llegó el Bus, todos nós aventamos como estampida, entre los gritos y empujones nós metimos. Quede frente a él, sentía su ritmo cardíaco, su pecho pegado al mio, sentía su respiración. 
Sudaba y yo también, lo mio era más por los nervios, me daban calambres en las piernas, tenía ganas de darle un beso, de tocarlo, pero no había espacio para nada. Me miraba fijamente, sin parpadear, era como si me quisiera leer. Sabía cómo ponerme nervioso, es su trabajo, es un cazador. 
Ese momento fue donde se encendió la chispa, yo ya le había confesado que me gustaba, pero nunca le dije que quería estar con él, simplemente como confesar que prefieres el café al té.
Los colores en mis mejillas pasaban del amarillo al rojo, mi semáforo ya estaba en alto. Pero no me podía alejar, su aroma, su calor, sentirlo, quería sacar horas de estar así tan cerca de él.
Pero llegó el momento de llegar a mi destino, no me reaccionaban las rodillas, mi mente estaba en otro universo, entregándome a Balam, y si no es por ese delicado empujón y su voz “aquí ya bajas”, no regreso a la tierra.
De regreso a casa sólo pensaba en un beso que nunca se dió pero que el escenario, tiempo y espacio era perfecto...
Al otro día me mandó un mensaje, corto sin romanticismo ni cursilerías: “¿te diste cuenta de lo qué pasó ayer?”; pensé “bueno por lo menos nos seguiremos hablando”, tengo experiencia en conformarme con ganar muy poco sin empezar una batalla, y ya no quería meterme más en problemas, sabía que había algo oscuro en él. Sólo respondí: “qué tormenta, pero la lluvia siempre limpia y ayuda”. Pasaron los minutos y no respondía, yo quería salirme por la tangente pero no cerraba la puerta, pero contestó: “no te hagas bruto, te veo en el estacionamiento”.
Lo primero que pensé fue en escapar, en no darle más oportunidad a salir ese ente oscuro, pero entre más rechazaba la idea de ir con él, más me preparaba para alistarme a mi ejecución, si eso era, entregarme a los cocodrilos, pero ese sentimiento de problemas y saber que estaba prohibido, me excitaba como en la plena pubertad.
Ahí estábamos los dos, frente a frente, sin esquivar las miradas, dos gladiadores a punto de empezar la batalla final, dos guerreros que la mejor armadura sería la desnudez, y la instrucción fue “sígueme, por aquí”.
Estaba en su territorio, observando cada rincón, con los nervios a flor de piel, Balam solo se quitaba la ropa, despreocupado, sin prisas, como si nada le importara. Pensé que nos besaríamos, que habría abrazos, acercamientos por lo menos, porque sabíamos que habíamos prendido esa chispa un día antes, yo lo observaba y mientras lo contemplaba me dijo “métete a bañar”. Otra vez sintiéndose el amo, yo de repente me veía en ese plan de esclavo, me metí a la ducha, sin cuestionarme nada, sin ver el riesgo que había en ese lugar.
Y ahí estábamos los dos, desnudos y vulnerables, pero pasó ese beso, que se fue prolongándose por todo el cuerpo, baje más y más hasta llegar a su sexo, lo tome con cariño y delicadeza, ese aroma que no me desagradaba, era él, mi lengua empezó a salivar y sin poner frenos lo introduje en mi boca, sentía cómo lo disfrutaba con cada zancada de mis labios, era como subir su energía.
Él me toma de los hombros y me sube a la cama, me abrió las nalgas y yo ya estaba en ese punto de la locura, y así empezó a lubricar para poderse dar paso a estar dentro de mí.
Poco a poco él se introducía, me daba instrucciones de cómo ponerme y hasta de respirar, regresamos a ese juego de roles implícito de amo y esclavo.
Cuando terminó, estaba bañado en sudor, algo en mío le había dado más fuerza, para mi era el comienzo de mi condena, un lobo y un jaguar no pueden ser amantes... Balam sólo me dijo “esto no va a volver a pasar y no se lo cuentes a nadie.
Pasaron los días y yo si me estaba enamorando, lo miraba todas las mañanas, pero cada día él ponía una barrera, y me alejaba. Entonces me tuve que enfocar en sanar para poder recuperar mi luz interna que Balam se había quedado.

Acoatl:
Ahí los dos, otra vez frente a frente, podría pensarse que nos retaríamos a duelo, pero estábamos en una fiesta, era territorio neutral, y había mucha gente. Un saludo cortes y con una sonrisa hipócrita fue todo lo que salió de mi interior, estaba con la bandera de la Paz.
Esta noche era solo para disfrutar, despejarme de mis problemas, que vaya eran muchos, les dije a todos que ahí nos veríamos, me dije: “chaval te lo mereces”. Me fui con la ropa más tropical que encontré, listo para que me pierda en la noche.
Pero cuando lo ví, señores si las miradas mataran, pero en ese punto creo que en su mirada estaba lejos de ser de odio o rencor como la mía. Después él se fue a la pista con dos compañeras de la planta, entonces decidí ir por un trago, y platicar con los que se pusieran enfrente. Al final una fiesta es para eso, para beber, comer y pasarla bien, cuando sentí que algo me jalaba de la camisa, me volteo y era una compañera, me invitaba a la pista, dije por qué no si la pista no es de nadie y Balam debe estar muy en lo suyo como para fijarse en lo mío. Y sin miedo me dejé llevar a la pista, no soy el gran bailarín pero saco los pasodobles y ya está.
Y pareciera que la amada luna tenía ya el plan de ponerme a lado del que me lastimó el corazón, ahí los dos bailando, riéndonos de vernos dar vueltas y vueltas con las compañeras, parecíamos dos camaradas de años de complicidad, que si lo fuimos, pero de eso ya no quedaba nada desde que decidimos irnos a la cama. Pero esa noche no, esa noche los malos momentos quedaban lejos muy lejos.
Ya todos cansados de la tanda de bailes, decidimos irnos todos a la mesa a echar el trago, nunca pensé que Balam se sentaría a mi lado, me sentía tan a gusto con él, que bueno ya en el calor de la fiesta, no lo veía como ese jaguar oscuro, solo me perdía en su sonrisa, esa sonrisa llena de cinismo, y como él era tan descarado pues yo me dejé llevar, platicando de todo y nada, como antes lo hacíamos.
Dejé que él me envolviera toda la noche, un trago tras otro, con la esperanza que él me regresara mi poder, claro también de que me volviera a besar. Poco a poco la gente se iba despidiendo, y fue cuando regresé al aquí y al ahora, no tenia cómo volver a mi hogar, así que me levante para salir a tomar un taxi, cuando Balam me tomó del brazo y me dijo “espera por favor”; así empezamos a caminar, no sé si fue por las copas o la falta de iluminación, pero no reconocía el camino, veía unas vías de tren, y a los cinco minutos estábamos en la avenida principal, rumbo a su cueva, reconocí cuando dimos la vuelta a la derecha, podría caminar el sendero a su hogar con los ojos cerrados.
Todo me dolía, poco a poco recuperaba la sensibilidad, noté que salía líquidos de mi, creí que era su semen, pero al bajarme el pantalón vi sangre, el dolor se intensificaba, pero eso no era lo único roto, también mi corazón, por qué volví a caer maldita sea.

Canek:
Pues así que estuviera yo invitado no, pero de último momento me llamaron a su junta y pues si tenía el tiempo, digo al final hace tiempo que dejé de hacerme el difícil y empecé a fluir como él agua del Río, fue grato ver que ahí estaba Balam, con su rostro despreocupado y de galán, claro los años ya hicieron su trabajo, los dos somos distintos, tenía mucho de no vernos, y por mi parte, ya no duele. Todo en paz.
Su aroma es el mismo, eso si no cambia, ese es su mejor aliado para la seducción. Pero esa noche fue el que más consumió alcohol, había una sensación de libertad en él, como nunca lo había visto. Y no sé cómo pero desaparecieron todos alrededor nuestro. Estábamos ahí en la calle charlando de lo que nos había tocado vivir y superar, ese juego de “que tú, que yo, que los dos”, y pues si, manos al aire, le confesé que no estaba del todo bien en el lado del corazón pero con eso me dejé de engañar a mi mismo también. No pasa nada en decir así estoy pero ya pasará.
Ahí él me abrazó, y me dijo “no te lo mereces, eres muy lindo para eso”, ¿Balam me dijo eso?, pues si y ahí no terminó la cosa señores, claro que no. En ese momento la pregunta salió sola, ¿quieres ir a mi cueva?¿si aplica verdad?.
Y ahí los dos en la senda caminando, llegamos y me encantó eso de "vamos a ponernos cómodos”, ahí el tiempo y el espacio se detuvieron, empezaron los besos y con delicadeza nos fuimos quitando las prendas, y en complicidad uno con el otro, reconociendo nuestra piel con sus nuevas marcas. Los dedos tienen memoria y no necesitábamos pedir permiso, ese aire de libertad seguía en nuestra atmósfera, facilité todos los accesos a mi interior, el cómo todo un profesional me tocaba, y su lengua trabajaba para su beneficio, que sería introducir su miembro dentro de mí.
Los besos y las caricias nunca cedieron, su voz me prendía cada vez más, pareciera que las Nereidas nos acompañaban. Duro tanto, creo que los dos queríamos que fuera eterno, como dos titanes cansados nos quedamos sin aliento, acostados sin dejarnos de acariciar, de besar.
“Nos veremos pronto” me dijo, yo le contesté “si es nuestro camino, el universo nos volverá a juntar”. Hasta el día de hoy no nos hemos vuelto a ver, y creo que eso fue el encanto, ya no aferrarnos el uno con el otro, entender que él es un mago oscuro, por elección propia, y lo mejor es quitarse de enfrente, para que nadie salga herido, pero qué besos, tan difícilmente los olvidaré.

Balam:
Nunca fue mi plan ser lo que soy, al final a nadie me llevo obligado a mi cama, me entregan lo mejor de ellos pero yo también me entrego. Se que les gustó y con eso basta.




Comentarios

  1. Cómo la misma persona puede causar reacciones distintas, te enamoras de uno pero la realidad terminas viendo a otra persona. Por eso no es bueno crear expectativas

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