El Hobbit que tenemos dentro
Viendo de nuevo la película “El Señor de los Anillos”, de mi
favoritas para dominguear, estuve pensando sobre el personaje principal de
Frodo Bolsón, el Hobbit, antes cuando vi por primera vez esta historia, la
verdad pensé que todos los personajes hacían la magia de la historia, y Frodo
simplemente se perdía entre tantas características de los otros personajes, que
llegaba un momento de la trilogía que y se detestaba a Frodo y se convertía más
en un peso para los demás que en el héroe, y gracias al apoyo incondicional de
su amigo lograba cumplir la meta.
Me siento como el Hobbit Frodo, cuando tomé el camino a
la ciudad de México, de Tlaxcala un estado pequeño sin complicaciones (mi
pequeña comarca), decido emprender mi viaje para encontrarme conmigo mismo, con
mi propio sueño de hacer mi vida, y mejorar mis condiciones laborales, si
efectivamente el cambio de residencia era matar tres pájaros de un tiro, pero
claro hasta la fecha me encuentro luchando todavía con las fuerzas negativas
de ese anillo que es mi proyecto de vida, con la pereza, falta de comprensión y
empatía, y debo de destruirlo, porque puedo hacer más por mí, y sé que
destruyendo ese anillo negativo, podré ayudar a mis amados y seres queridos,
como al final lo hace Frodo.
Por supuesto que así como Frodo también tengo mis compañeros
y mis aliados que día a día también cuidan mi camino y me ayudan a lograr mi
objetivo, a trazar mejores rutas y guardarme cuando los tiempos son malos. Me encanta
ahora el personaje de Frodo, todos tenemos ese pequeño valiente que a pesar de
las circunstancias saca el carácter y cumple con su objetivo.
Sin embargo me voy más allá esta ocasión y empiezo a notar
unas características que muchos ya veían en el personaje, pero yo
definitivamente no alcanzaba. Frodo, un Hobbit, con una vida tranquila en su
comarca, sin problemas, debe tomar una responsabilidad enorme de destruir un
anillo, al principio no es de todo su agrado pero con los momentos que se están
presentando debe actuar sin más ni más. Es el personaje que no tiene poderes,
no tiene experiencia en la milicia o en batallas épicas, no tiene la gran estatura
ni físico corpulento por su misma naturaleza de Hobbit, y aun así toma el
riesgo de decir: Yo lo hago.
Lo veo como una proyección que todos podemos ser ese Hobbit
arriesgado y tomar la responsabilidad de destruir ese anillo que representa esa
maldad, negatividad, pesimismo y otras características que nos encadena y
limita como seres humanos.
Me siento como el Hobbit Frodo, cuando tomé el camino a
la ciudad de México, de Tlaxcala un estado pequeño sin complicaciones (mi
pequeña comarca), decido emprender mi viaje para encontrarme conmigo mismo, con
mi propio sueño de hacer mi vida, y mejorar mis condiciones laborales, si
efectivamente el cambio de residencia era matar tres pájaros de un tiro, pero
claro hasta la fecha me encuentro luchando todavía con las fuerzas negativas
de ese anillo que es mi proyecto de vida, con la pereza, falta de comprensión y
empatía, y debo de destruirlo, porque puedo hacer más por mí, y sé que
destruyendo ese anillo negativo, podré ayudar a mis amados y seres queridos,
como al final lo hace Frodo.

Comentarios
Publicar un comentario