Vino, aulló y se fue
La recepción.
Esto del primer día de Universidad es un deporte de alto riesgo, voy algo tarde, pero la despedida con la familia iba entre lágrimas y bendiciones, ellos querían que fuera al colegio militar como la mayor parte de mi familia, pero voy con todo para Filosofía y Letras.
A penas pude parquear, creo que ya habrán dado las pensiones, que eso es lo bueno de estas facultades, residencia para estudiantes foráneos. Me doy cuenta que el nudo de mi corbata esta ya casi destruido pero cuando entro al edificio principal, la señora de la recepción me mira de arriba a bajo.
- Llega un poco tarde señor Zurita, vaya rápido a clases, al terminar sus clases venga que necesitamos revisar dónde dormirá porque ya no dormitorios disponibles.
- Gracias señorita - Eso por educación porque ya debe tener mas de cincuenta.
Y al momento que decido echar la carrera, ella va entrando, con una forma de caminar como de pasarela, me deja hipnotizado hasta que escucho a la recepcionista.
- Señorita Villalobos llega tarde, no la entretengo pero si puede al terminar regresar para checar lo de su pensión. Señor Zurita pensé que ya estaba en su salón, háganme el favor de dirigirse al segundo piso segunda aula.
Caminé a cierta distancia de la chica que lo único que sé es su apellido, Villalobos.
El tiempo en el salón ha sido una tortura, ahora ya sé que se llama Margarita Villalobos, es tan seria como templo budista y creo que Margarita es un nombre muy tierno para alguien tan obscuro, ahora es tiempo de ir a la recepción a arreglar el primer problema, el cuarto.
Por la noche
Fue una pasada que nos dieran la vieja cabaña, dicen que era de un guardabosques que desapareció asi de la nada, luego la quisieron adaptar como sala para maestros y finalmente quedó como la vieja bodega. Margarita aceptó sin más ni más.
- Yo me quedo la habitación principal con baño, sólo te digo que no hay fiestas ni compartiremos la comida.
- Pues no soy tan popular como para hacer fiestas, y pues la cafetería hace buenos crosants.
- Como quieras Zurita, sólo no me hables.
- Me llamo Anton.
- Si como digas.
La verdad no es muy amistosa mi compañera pero por lo menos me da tiempo y espacio perfecto para cumplir con mis tareas y estar en paz leyendo por las tardes.
Aunque pasan los dias he notado que Margarita tiene unos rituales muy ruidosos por las noches, creo que hace algo muy extraño en su recámara por las noches, a veces me pego a la puerta para poder escuchar pero ya me está dando miedo porque parece que son sonidos como ardillas o unos pollos. A lo mejor tiene mascotas pero no puedo ver su recámara que siempre está cerrada.
Un dia estaba en el baño tomando una ducha cuando Margarita entró, ya que la puerta no tiene seguro, pero como nunca tengo visitas y ella tiene su propio baño, no le vi problema alguno, hasta ese dia que como pude me tapaba mis partes mas íntimas.
- Margarita como te atreves - grité con furia.
- Amigo perdona tengo que usar tu retrete, el mio esta tapado, perdóname.
- ¿Cómo tapado?, ¿ya hablaste con mantenimiento?
- Te iba pedir ese favor a ti.
Margarita sin ningún reparo se bajó el pantalón y se sentó muy tranquila en el retrete, no me gusta esa cosa confianza, nunca me dirige la palabra y ahora hasta me ve desnudo.
- Voy a salir hoy Anton, tengo que ir a la ciudad, la recámara se queda abierta pero no revises mis cajones eh, respeta mi ropa interior.
- Así como respetaste que estoy bañándome y estoy desbudo frente a ti.
- Bueno a tu favor es que para ser un cerebrito tienes buen cuerpo.
- ¡Margarita!
- Ya me voy, por favor llama a mantenimiento.
No iba a perder esta oportunidad, antes de irme a clases llamé a mantenimiento y entre a esa recámara. Nunca había visto tanto desorden, efectivamente todo tenía pelos de roedores. El escusado era cosa a parte de la regadera, tenía mas pelos que parecía que se bañaba un oso.
Me comentaron que si esto se hacía costumbre nos quitarían el apoyo de vivienda, fue ahí que me di a la tarea de vigilar a Margarita cada noche, y lo que ví me perturbó.
Licantropía
A la mañana siguiente Margarita se metió a mi baño mientras me duchaba, parece que se le está haciendo costumbre.
- ¿Qué tal Anton? ¿Andas desvelado?
Ella sabe, tiene en el rostro esa mirada de "Yo sé que tu sabes, y una sonrisa de cinismo en un labial de un rojo peligroso, tengo miedo y casi me caigo en la regadera.
- Bueno te dejo que termines de arreglarte, me imagino que estás muy sudado como si corrieras en el bosque. Nos vemos en clase Anton.
No puedo, tengo que escapar de aquí, adiós vida universitaria, igual y nunca fue el mejor plan. Tengo que salir pero primero vestirme...
...Ya pasaron tres meses y lo único que he podido hacer es acercarme con la señorita de recepción para solicitar mi cambio a una pensión individual, pero me comenta siempre que si no hay bajas no hay cuartos, quisiera decir mis motivos pero Margarita me mataría, literal. Además ya se termina el semestre y regresaré a la casa de mis padres para pasar las vacaciones, igual y se me ocurre otra cosa.
- Anton este es el último día de clases, y quería darte las gracias por limpiar mi baño.
- No hay nada que agradecer, somos compañeros de pensión, a parte nos advirtieron que habría multa para la próxima que llamáramos a mantenimiento, por lo de las ardillas.
- Bueno, por eso te quiero invitar a cenar.
- ¿Yo? Pero... creí que me odiabas...
- Si todo este tiempo me has guardado mi secreto, creo que es lo menos que puedo darte, bueno ya no te rogaré más.
- Si, si Margarita si quiero, ¿dónde te veo o a qué hora nos vamos?
- A las siete nos vemos aqui.
Y ahí es donde ya no puedo contar a detalle, fue la primera cita con una chica y no cualquier chica, una mujer lobo.
Creo que aunque no intercambiemos palabra alguna, los dos decimos todo, y cada noche es el mismo ritual, ella me da un beso, sale por la ventana aullando y yo la veo hasta el otro dia mientras yo me estoy bañando.




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